
"Quien deje pasar de largo la más bella historia de su vida, no tendrá otra edad que la de sus pesares y no habrá suspiro en el mundo capaz de mecerle el alma."
El libro
Título en español: Lo que el día debe a la noche
Título original: Ce que le jour doit à la nuit
Autor: Yasmina Khadra
Traducción al español: Wenceslao-Carlos Lozano
Año de edición: 2008
La historia
Cuando Younes tiene nueve años, su padre, arruinado y agobiado, decide entregar al pequeño a su hermano, un farmacéutico integrado en la comunidad occidental de Orán. A partir de ese momento, Younes pasa a ser conocido como Jonás y empieza a estrechar inseparables lazos con jóvenes de la colonia. Con ellos disfrutará de una vida privilegiada que, aparentemente, no podrán empañar, ni la Segunda Guerra Mundial, ni el convulso nacionalismo árabe. Un día llega a la ciudad Émilie, una joven que pronto empezará a ser deseada por toda la pandilla y que pondrá a prueba la amistad de estos cuatro amigos.
El autor
Bajo el seudónimo de Yasmina Khadra se esconde el escritor argelino Mohammed Moulessehoul. Moulessehoul estudió en la Escuela Nacional de los Cadetes de la Revolución, y compaginó su formación militar con la literatura.
A principios de 1973, escribió su primera obra, que no sería publicada hasta el año 1984. Escribió cinco novelas más con su verdadero nombre, hasta que en 1989, optó por adoptar el seudónimo de Yasmina Khadra. Con esta decisión pretendía poner fin a la auto censura que él mismo se había impuesto, una censura motivada por la convulsa situación política de su país.
Morituri, novela publicada en 1997, gozó de un gran éxito de ventas. Tras esta inesperada gloria, el escritor decidió abandonar el ejército para entregarse de lleno a su gran pasión, la literatura. Fue entonces cuando descubrió al mundo su verdadera identidad, una revelación que supuso un gran escándalo en su tierra. Muchos críticos que describían sus obras como el fruto de la pluma de una mujer procedente de la desgarrada Argelia, lo tacharon de impostor. También polémica fue su pertenencia a un ejército que cosechó tantas masacres como el argelino. Khadra se defiende de estas acusaciones en dos de sus más populares novelas, El escritor y La impostura de las palabras.
Tras abandonar su país de origen, se muda a México y posteriormente a Aix-en-Provence (Francia), donde reside actualmente. Otro aspecto que le fue muy criticado a Khadra fue el idioma elegido en sus novelas: el francés. Y es que, si bien esta lengua tiene un amplio uso en Argelia, el estándar en muchos ámbitos, entre ellos, el literario, es el árabe. Para justificar su elección, Khadra ha apuntando que, cuando comenzó a escribir, recibía muchas críticas de su profesor de árabe y la misma cantidad de halagos de su maestro de francés.
Valoración personal
El libro abre con dos citas de dos de los más grandes escritores de todos los tiempos: Albert Camus y Gabriel García Márquez, una rotunda declaración de intenciones, un aviso de que el autor está dispuesto, cueste lo que cueste, a ganarse la atención del lector.
Younes (también conocido como Jonas) es el narrador de esta historia que comienza en el Orán de los años 30. El protagonista narra con un gran cariño y una todavía mayor ternura sus primeros años de vida, en compañía de su padre Issa, su madre y su hermana Zahra. Esta primera parte del libro, que corresponde a los años vividos en Jenane Jato, me recordó a aquel comienzo espectacular de Mil soles espléndidos, popular novela del escritor de origen afgano Khaled Hosseini.
Desde Jenane Jato, Younes y su familia se trasladan a Orán, donde el niño descubre la existencia de su tío Mahi, un personaje inolvidable que, aun con sus defectos y debilidades, es una auténtica fuente de sabiduría. Cuando Younes pasa a ser tutelado por Mahi y su mujer Germaine, éste ilustra la vida del pequeño con perlas como:
"Corre tras ella. Puede que algún día se consiga alcanzar un cometa, pero no hay en esta tierra ninguna gloria capaz de consolar a quien deja la "auténtica" oportunidad de su vida".
La chicha de la historia realmente comienza cuando Younes se traslada a Río Salado, un pequeño pueblo donde descubrirá el valor de la amistad, dará sus primeros pasos en el terreno del amor y luchará por encontrar un significado a su vida. Aquí se teje una red de personajes inolvidables y carismáticos, como Jean-Christophe, Fabrice, Dédé o Simon, que dotarán de vida a la novela.
En Lo que el día debe a la noche, Khadra describe la situación política de Argelia, desde el año 1942, fecha en que los norteamericanos desembarcaron en el país, hasta la actualidad, pasando por la guerra de la independencia. Fueron años repletos de violencia y dolor, de muerte y desapariciones, de crudo racismo y salvaje vandalismo. Sin embargo, no todo es sufrimiento y oscuridad, puesto que al tiempo que van sucediendo todo tipo de tragedias, los protagonistas también van descubriendo las mieles de la vida.
El punto fuerte de esta novela es, pues, el mimo con que son tratados y definidos los personajes. Acompañamos a los chicos en sus primeras borracheras, en sus primeras incursiones en el terreno del amor, en sus casamientos y en los eventos más importantes de su vida. Y todo ello lo hacemos en las apenas 300 páginas que tiene esta elegante novela, de ritmo ameno y ágil. Del mismo modo, maduramos con Jonas y somos testigos de su sufrimiento por el amor y el desamor, por el paso del tiempo, por la ausencia de sus amigos... por la vida misma. Vemos cómo Younes va comiendo terreno a Jonas y cómo van naciendo en él sentimientos que hasta ahora desconocía: el miedo, el dolor, la culpabilidad. Estamos ante un Younes errante que se describe a sí mismo de este modo:
"Una sombra. Yo no era más que una sombra, indecisa y susceptible, al acecho de un reproche o de una insinuación que a veces me inventaba, como esos huérfanos acogidos por una familia, más atentos a las torpezas de sus padres adoptivos que a su dedicación."
Por su parte, los personajes de la señora Cazenave y Émilie son la mismísima encarnación de la belleza, la seducción y le feminidad, pero en ocasiones también lo son del egoísmo y del egocentrismo. Durante la lectura de la novela, estas dos mujeres han despertado en mí todo tipo de reacciones y emociones, si bien la mayoría de las veces me desagradaron. Me explico: no me gustaban, no me caían bien y no profesé ni un mínimo de simpatía hacia ellas, aunque son dos personajes tan trabajados como los demás y fundamentales para el desarrollo de la trama.
Lo que el día debe a la noche es una novela, a mi juicio, muy bien escrita. Y, para muestra, un botón: no he podido evitar anotar un montón de frases, un buen número de esas citas que te tocan momentáneamente el alma y el corazón. Es una obra que, rebosante de lirismo, versa sobre las verdades universales de la vida, sobre el auto conocimiento y el aprendizaje personal.
Una de cal y otra de arena. Vamos ahora con algo que realmente me sacó de mis casillas. Me refiero a eso la reacción de los muchachos ante la aparición de Émilie. Puede que sea de mollera muy cerrada, pero no llego a entender cómo la presencia de una mujer, por más bella que ésta sea, puede poner en tela de juicio una amistad de años, sobre todo cuando dicha hermosura es el único don que la joven parece tener. Si, vale. Son adolescentes. Y con las hormonas revolucionadas. Pero sigo sin comprenderlo. Como tampoco comprendo al principio tanto dolor, tanta preocupación enfermiza, rayana en la obsesión, por alguien a quien idealiza y que prácticamente no conoce. Aun así, algo muy importante se puede extraer de esta obra: el amor cambia a las personas.
Adaptación cinematográfica
Lo cierto es que di con la película casi por casualidad, ya que no entraba en mis planes verla. Y, si he de ser sincera, ni siquiera sabía que existía. Como sabemos, plasmar en cien minutos cientos de páginas conlleva la necesidad de adaptar la historia a las limitaciones del medio, bien mediante elipsis temporales, o bien enfocando ciertas partes de la trama de un modo diferente. Esto es lo que ocurre en la adaptación cinematográfica homónima de Lo que el día debe a la noche, un film francés rodado en el 2012 y dirigido por Alexandre Arcady. Ente los protagonistas se hallan algunos reputados actores como Nora Arnezeder (Émilie), Fu'ad Aït Aattou (Younes), Anne Parilland (Madame Cazenave), Vincent Pérez (Juan Rucillio) o Nicolas Girand (Fabrice).
La película me ha gustado y creo que la trama se resuelve en ella de una manera mucho más efectiva que en la novela de Khadra. Aquí, la relación entre Émilie y Younes tiene una base más sólida (digamos que es más realista) y permite comprender mucho mejor esa atmósfera dramática que los rodea. Ya no son dos jóvenes que apenas se conocen, sino dos enamorados cuya amistad se forjó hace muchos años, cuando Émilie vivía en Orán con su padre y acudía a clases de piano de Germaine (en la película llamada Madelaine). Personalmente, yo me quedo con esta versión de la historia.
A pesar de que son casi tres horas de película, no se me hizo pesada en ningún momento, sino todo lo contrario: en cuanto me di cuenta, la palabra "fin" ya anunciaba los títulos de crédito y el romance épico tocaba a su fin. La película cuenta con una buena banda sonora, un dirección de fotografía destacable y un vestuario digno de mención, detalles que hacen de Lo que el día debe a la noche una película tierna, cálida y muy especial, una buena muestra de ese cine francés que tanto me gusta.
Adaptación cinematográfica
Lo cierto es que di con la película casi por casualidad, ya que no entraba en mis planes verla. Y, si he de ser sincera, ni siquiera sabía que existía. Como sabemos, plasmar en cien minutos cientos de páginas conlleva la necesidad de adaptar la historia a las limitaciones del medio, bien mediante elipsis temporales, o bien enfocando ciertas partes de la trama de un modo diferente. Esto es lo que ocurre en la adaptación cinematográfica homónima de Lo que el día debe a la noche, un film francés rodado en el 2012 y dirigido por Alexandre Arcady. Ente los protagonistas se hallan algunos reputados actores como Nora Arnezeder (Émilie), Fu'ad Aït Aattou (Younes), Anne Parilland (Madame Cazenave), Vincent Pérez (Juan Rucillio) o Nicolas Girand (Fabrice).
La película me ha gustado y creo que la trama se resuelve en ella de una manera mucho más efectiva que en la novela de Khadra. Aquí, la relación entre Émilie y Younes tiene una base más sólida (digamos que es más realista) y permite comprender mucho mejor esa atmósfera dramática que los rodea. Ya no son dos jóvenes que apenas se conocen, sino dos enamorados cuya amistad se forjó hace muchos años, cuando Émilie vivía en Orán con su padre y acudía a clases de piano de Germaine (en la película llamada Madelaine). Personalmente, yo me quedo con esta versión de la historia.
A pesar de que son casi tres horas de película, no se me hizo pesada en ningún momento, sino todo lo contrario: en cuanto me di cuenta, la palabra "fin" ya anunciaba los títulos de crédito y el romance épico tocaba a su fin. La película cuenta con una buena banda sonora, un dirección de fotografía destacable y un vestuario digno de mención, detalles que hacen de Lo que el día debe a la noche una película tierna, cálida y muy especial, una buena muestra de ese cine francés que tanto me gusta.
Puntuación del libro: 7,5/10
