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viernes, 7 de agosto de 2015

Reseña de «El nombre del viento», de Patrick Rothfuss

«La respuesta es que todos tenemos dos mentes: una mente despierta y una mente dormida. Nuestra mente despierta es la que piensa, habla y razona. Pero la mente dormida es más poderosa. Ella ve en lo más profundo de las cosas. Es la parte de nosotros que sueña. Lo recuerda todo. Nos proporciona intuición. Tu mente despierta no entienda la naturaleza de los nombres. Pero tu mente dormida sí. Ella ya sabe muchas cosas que tu mente despierta ignora».

El libro
Título: El nombre del viento
Título original: The Name of the Wind
Título en portugués: O Nome do Vento
Autor: Patrick Rothfuss
Nº de páginas: 880
Editorial: Plaza y Janés Editores
P.V.P: 24,90 € (Tapa dura)/ 22,90 € (Tapa blanda)/ 9,95 € (Bolsillo)

El nombre del viento es la primera novela de la saga Crónica del asesino de reyes. La segunda entrega se llama El temor de un hombre sabio; la tercera parte se encuentra en proceso de edición y, según parece, se llamará Las puertas de piedra, aunque no es un título definitivo. 

La historia
«He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

»Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí».
(Sinopsis que ofrece Plaza y Janés).

El autor
Patrick Rothfuss nació en junio de 1973 en Madison, Wisconsin (Estados Unidos). Desde pequeño, sus padres lo animaron siempre a leer y a ser creativo. Durante sus años como estudiantes, dedicó mucho tiempo a la lectura y a la escritura de numerosos relatos y poemas. Intentó estudiar Ingeniería Química, pero le pareció tan aburrida que la abandonó; durante los nueve años siguientes, exploró diferentes opciones formativas y estudió diversas materias, hasta que se dio cuenta de que había reunido las asignaturas suficientes para obtener un graduado en Inglés. Durante todo este tiempo, trabajó en su primera obra, que sus amigos y él llamaban «El Libro». En 2002, ganó un premio Writers of the Future gracias a un fragmento de dicha obra que hizo pasar por un relato corto. A raíz de esto, entró en contacto con la gente adecuada y llegó a un acuerdo según el cual se dividiría «El Libro» en tres novelas; la primera de ellas, El nombre del viento, fue publicado en marzo de 2007 y no tardó a convertirse en todo un éxito a nivel mundial.

En la actualidad, Rothfuss vive en Wisconsin con su esposa, Sarah, y sus dos hijos.


Valoración personal
El nombre del viento empieza en la posada Roca de Guía, donde Kvothe, el posadero, accede a narrar su vida a Devan Lochees, el Cronista. De este modo, el libro procede a contarnos la historia de Kvothe, desde su más tierna infancia hasta su juventud en la Universidad.

Kvothe es uno de los aspectos que más me gustan de esta novela: es un protagonista que posee habilidades extraordinarias, pero que es lo suficientemente mundano para que al lector no le cueste identificarse con él. Rothfuss hace un gran trabajo en la caracterización y el desarrollo de su personaje principal y consigue que, a lo largo del libro, nos sea fácil empatizar con él e, incluso, sintamos cierto grado de complicidad y de cariño hacia él.

Aparte de Kvothe, El nombre del viento cuenta con un puñado de personajes muy interesantes y diversos, como la escurridiza Denna, la misteriosa Auri, el excéntrico Elodin o la peligrosa Devi. A pesar de que adoro a algunos de estos personajes, especialmente a Auri, lo cierto es que el libro no nos muestra mucho de ellos: en general, son personajes enigmáticos, distantes, de los que sabemos muy poco. Si bien me habría gustado conocerlos mejor, no puedo obviar que esta falta de proximidad encaja a la perfección con el punto de vista de Kvothe, con su forma de ser y de relacionarse con los demás.

Otro de los aspectos que me han gustado de este libro es el mundo en el que nos introduce: Rothfuss nos describe un mundo completamente nuevo, con sus costumbres, sus mitos y religiones, su geografía... En particular, me han encantado los detalles sobre cómo funcionan la simpatía y la nominación, así como los que se dan sobre las distintas artes que Kvothe aprende en la Universidad. Dicho esto, confieso que en más de una ocasión las descripciones del mundo que hace Rothfuss me han llegado a resultar tediosas, casi interminables; personalmente, prefiero un poquito menos de detalles sobre el entorno y más acción, más movimiento, más diálogos...

El ritmo en que avanza la historia me ha parecido bastante irregular, en general tirando a lento. Algunas partes, en especial la estancia de Kvothe en Tarbean, me resultaron bastante pesadas; a decir verdad, diría que la primera mitad del libro es bastante pobre tanto en acontecimientos relevantes como en personajes. En mi opinión, el libro mejora muchísimo en la segunda mitad, durante la estancia de Kvothe en la Universidad, donde el protagonista empieza a cruzarse con un montón de personajes, a aprender y a crecer como persona.

En  conclusión: creo que El nombre del viento es una novela muy interesante, pero la pondría bastante lejos del nivel de perfección en el que muchos la sitúan. La recomiendo a fans de la literatura fantástica, sin duda, siempre que no les importe soportar un ritmo un poquillo lento y algunas partes un tanto pesadas a cambio de unos personajes y una ambientación excelentes. Además, Rothfuss tiene una forma de escribir muy elegante, preciosa en muchas ocasiones, y sus páginas están llenas de frases dignas de ser recordadas. Yo, al menos, no dudo en que seguiré leyendo esta saga.

«Utilizar palabras para hablar de palabras es como utilizar un lápiz para hacer un dibujo de ese lápiz sobre el mismo lápiz. Imposible. Desconcertante. Frustrante. —Alzó ambas manos por encima de la cabeza, como si tratara de tocar el cielo—. ¡Pero hay otras formas de entender! —gritó riendo como un niño pequeño. Alzó ambos brazos hacia el cielo sin nubes, sin dejar de reír—. ¡Mira! —gritó echando la cabeza hacia atrás—. ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul!».

Puntuación: 8/10